Etapa Escolar

La etapa escolar

Es el período de desarrollo que empieza con el inicio escolar y finaliza con la adolescencia.

A esta edad el niño tiene que salir de su casa y entrar en un mundo desconocido, donde las personas que formaban su familia y su mundo hasta ese momento se quedan fuera. Su éxito o fracaso en este período dependerá en parte de las habilidades que haya desarrollado en sus años de vida anteriores. Este hecho marca el inicio de contacto del niño con la sociedad a la que pertenece, la cual le exige de nuevas habilidades.

Por otro lado, la relación con sus padres cambia iniciándose un proceso gradual de independencia y autonomía, donde aparece el grupo de amigos como un referente importante que se constituye como uno de los ejes centrales de su desarrollo.

Trastornos del estado de ánimo


Humor inestable e irritabilidad

El niño/a que presenta un humor inestable, fácilmente se enfada y se excita excesivamente, es la forma que encuentra para expresar que algo le está ocurriendo, pudiendo esconder detrás algún conflicto, problema o preocupación.

El mal humor junto la irritabilidad pueden ser síntomas de malestar personal que combinados con otros síntomas pueden expresar un trastorno del estado de ánimo o depresión.

Los síntomas asociados a tener en cuenta para hacer una consulta y descartar problemas relevantes son los siguientes: tristeza, actitud poco sociable, mayor sensibilidad emocional, cambios en el apetito y en el sueño, gritos o llantos, dificultades de concentración, cansancio y falta de energía, desinterés por participar en actividades, falta ilusión, sentimientos de baja autoestima o de culpa y pensamientos de muerte.

Cuando observamos en un niño/a actitudes de mal humor e irritabilidad es importante evaluar la frecuencia, la duración en el tiempo, la aparición repentina y la correlación con los síntomas antes comentados.

 

Tristeza, pesimismo y apatía

Los niños tienen cambios en su estado de ánimo, como los adultos, y la tristeza es un sentimiento natural y adaptativo. Ahora bien, será una señal de alarma si es desproporcionada a la causa, muy profunda o prolongada en el tiempo o si va acompañada de otros síntomas.

La tristeza puede ir acompañada de muestras de pesimismo (tendencia a juzgar los acontecimientos por su aspecto más desfavorable y/o negativo).

Algunos niños tienen un talante más ansioso y/o negativo y tienen habilidad para detectar lo que va mal. Aunque haya aspectos positivos, detectan los problemas o los anticipan. Este estilo negativo de enfrentarse a la vida puede ser  causa de  tristeza o consecuencia de un estado de infelicidad.

También podemos encontrar apatía. Esta se caracteriza por una disminución de la energía, cansancio físico y/o mental, pérdida de interés por actividades y aficiones (por ejemplo, los niños y niñas pueden abandonar hobbies y entrenamientos que antes los satisfacían).

Si un niño presenta estos síntomas no necesariamente tiene que estar deprimido. Pero, si este estado de tristeza interfiere en la actividad social, en la vida familiar y escolar de manera significativa, y además va acompañada de otros síntomas, es importante poder hacer una evaluación psicológica cuidadosa y establecer el tratamiento adecuado.

Con las estrategias adecuadas los niños pueden aprender a: reconocer los pensamientos negativos y modificarlos, solucionar los problemas y valorar los aspectos positivos de sí mismos. Del mismo modo, si hay factores desencadenantes se deben intentar modificar y si finalmente la patología es más severa es imprescindible la intervención farmacológica.

Menosprecio personal y/o ideas de muerte

Los niños con bajo autoconcepto muestran sentimientos de inutilidad, incapacidad, culpabilidad y sentimientos de inferioridad. Estos sentimientos derivan en una baja autoestima. Ésta puede generar en los niños sentimientos como angustia, dolor, indecisión, desánimo, pereza y vergüenza, entre otros y puede llevar a los niños a sentirse poco valorados y compararse con los demás, sobrevalorando sus virtudes y capacidades y despreciando las propias.

Estos sentimientos pueden llevar a no tener objetivos, a no ver sentido a nada, y se convencen ellos mismos de que son incapaces de lograr sus objetivos. Como resultado de ello, rinden menos en los estudios y les resulta más difícil hacer amigos, son menos felices y les cuesta enfrentarse a los propios errores, frustraciones y fracasos.

A veces puede ir también asociado el bajo auto-concepto a niños perfeccionistas, ansiosos y autoexigentes.

La autoestima no es algo fijo de por vida y habitualmente se puede mejorar. En algunos casos, puede ser necesario la ayuda de un profesional de la salud mental que ayude a interpretar la realidad de forma positiva y enseñar a darse cuenta de las cualidades  personales que nos hacen únicos y especiales.

La manifestación de ideas de muerte, puede verbalizarse como pensamientos que pueden variar desde ideas de que la vida no vale la pena, hasta planes bien estructurados sobre cómo morir o intensas preocupaciones de hacerse daño o autolesionarse.

Hay que saber  diferenciar estas verbalizaciones  de otras hechas en momentos explosivos puntuales en los que dicen comentarios que no se piensan, o de momentos de histrionismo y llamada de atención.

Antes de la pubertad, tanto el suicidio como la tentativa son excepcionales, posiblemente debido a la inmadurez que dificulta la planificación y ejecución. Sin embargo, si se detectan pensamientos o ideas de muerte en los niños, es necesario consultar con un profesional experto con el objetivo de evaluar y tratar.

 

Descenso del rendimiento académico

El descenso del rendimiento académico, a pesar de no ser uno de los síntomas principales de los trastornos del estado de ánimo, es a menudo su consecuencia. Se debe, básicamente por la dificultad para concentrarse y por la apatía y desmotivación que generan este tipo de trastornos.

Sin embargo, un bajo rendimiento académico de base puede también generar síntomas afectivos por la frustración y culpabilidad que genera.

Para valorar el rendimiento es importante tener en cuenta la historia escolar del niño, como cambios frecuentes de escuela, valorando aquellas situaciones negativas que pudieran haber influido en el rendimiento. Se debe valorar también si las dificultades académicas han estado presentes siempre, o han aparecido de manera repentina, lo que indicaría una respuesta reactiva a algún desencadenante.

Es importante evaluar al niño para saber las causas exactas del bajo rendimiento, que pueden ser de diversa naturaleza para poder hacer el abordaje más adecuado en cada caso.

Si la causa del bajo rendimiento es un bajo estado de anímo se debe ayudar al niño a afrontar las causas que generan los problemas afectivos, al mismo tiempo que se deben reforzar y entrenar las habilidades académicas.

Si, en cambio, el bajo estado de ánimo es consecuencia del bajo rendimiento habrá que conocer y tratar sus causas ya la vez trabajar la autoestima global y académica.

Euforia y excitación excesiva

Algunos trastornos del estado de ánimo se caracterizan por presentar los siguientes síntomas: euforia desmedida (alegría excesiva) e injustificada, alteración del sueño (baja necesidad de dormir), inquietud motora que puede llegar a la agitación (excesiva actividad con crisis importantes de rabia), alto nivel de vigilancia (se mantiene excesivamente expectante y en tensión), conducta agresiva y/o conducta de alto riesgo.

Si se observa, dentro del talante propio de cada niño, una variación o presencia continua de estas características, puede ser una señal de alarma clínica que habrá que evaluar para conocer el diagnóstico preciso.


La información proporcionada en esta web, es sólo para su conocimiento general y no es sustitutivo de consejos médicos o profesionales para condiciones médicas específicas. Usted no debe utilizar esta información para diagnosticar o tratar ningún problema de salud o enfermedad sin consultar a un profesional médico.

Web actualitzada el Martes 12 Diciembre 2017, 17:46