ANSIEDAD
Conoce los síntomas de la ansiedad en las distintas etapas; primera infancia, infantil y adolescencia
La ansiedad es una respuesta de angustia y miedos frente a situaciones que no se pueden controlar.
• LA ANSIEDAD EN LA PRIMERA INFANCIA
La presencia de ansiedad en la infancia puede ser plenamente normal y más en un entorno estresante.
¿Cuáles son las principales señales de alerta en la primera infancia?
Miedos desproporcionados y persistentes
El miedo es un mecanismo natural que alerta al niño/a de un peligro con riesgos innecesarios.
Sin embargo, cuando los miedos son desproporcionados, persistentes y con una alta intensidad, interfiriendo en la vida diaria del niño/a, estamos ante un trastorno emocional que podemos llamar fobia.
Desproporcionadas: cuando el objeto que causa el miedo no es amenazante y el niño presenta una reacción exagerada.
Persistentes: porque el miedo puede aparecer tanto en el día como en la noche y puede ir acompañado de síntomas físicos. Una vez que desaparece el objeto o la situación que le provoca miedo, éste siempre persiste.
Ansiedad al alejarse de los padres
La ansiedad por separarse de los padres es adaptativa en la etapa comprendida entre los 6 y 24 meses, en la que el niño se siente inseguro al alejarse de los padres. A partir del momento en que el niño comienza a andar y mínimamente a hablar, la ansiedad tiende a disminuir.
Las señales de alerta serían cuando el niño:
• Puede sufrir excesivo malestar cuando sólo piensa en separarse de los padres
• Gran preocupación por perder sus figuras parentales y pensar que puedan sufrir un daño
• Gran preocupación por que pueda haber un evento que les separe
• Resistencia a ir a la escuela

• SITUACIONES HABITUALES EN LA ANSIEDAD
Los niños de 0 a 4 años que presentan malestar emocional no son capaces de manifestar su malestar a través del lenguaje; por tanto, deberemos fijarnos en el comportamiento y las conductas que manifiestan para determinar si hay un malestar emocional significativo.
Entre los miedos más comunes en la primera infancia, encontramos los siguientes:
Los niños de 0 a 4 años que presentan malestar emocional no son capaces de manifestar su malestar a través del lenguaje; por tanto, deberemos fijarnos en el comportamiento y las conductas que manifiestan para determinar si hay un malestar emocional significativo.
Entre los miedos más comunes en la primera infancia, encontramos los siguientes:
• Miedo a la separación de las figuras paternas
• Negarse a ir a la escuela para separarse de los padres
• Miedo a las heridas o daño físico
• Miedo a la oscuridad
• Miedo a seres imaginarios, como fantasmas o monstruos
• Presencia recurrente de pesadillas
• Miedo a la presencia de extraños

• CUANDO ME DEBE PREOCUPAR LA ANSIEDAD EN LA INFANCIA
Existen ciertas reacciones en los niños que corresponden a los miedos que pueden aparecer como parte de su desarrollo. Estos miedos evolutivos, en caso de presentarse a determinadas edades, se consideran normales y suelen ir disminuyendo de forma progresiva, a medida que el niño va madurando.
Sin embargo, hay algunos criterios que pueden indicarnos si estamos ante un caso que requiera atención especial: su duración se prolonga en el tiempo, provocan gran intensidad en la respuesta, causan malestar en el niño que los sufre e interfieren en sus actividades diarias. Si se produce alguna de estas situaciones es cuando debemos acudir a un profesional que valore la situación y nos oriente.

• ACOMPAÑAR LA ANSIEDAD DE LOS NIÑOS DESDE EL ENTORNO
Los miedos están presentes en la vida de los niños y tienen un sentido en relación al desarrollo evolutivo. Generalmente, los miedos que se presentan son variados, pasajeros y de poca intensidad, por tanto, los podemos llamar miedos evolutivos.
Lo que debemos tener como objetivo principal, a estas edades, no es eliminar los miedos y ansiedad de nuestro hijo.
Como padres lo que podemos hacer es actuar como modelos para nuestro hijo, intentar mostrar formas de enfrentarse a su miedo de forma adecuada y sin que observe malestar por nuestra parte.
Es importante que acompañemos y validemos sus emociones, así como elogiar cada pequeño avance que vaya haciendo con nuestro apoyo y acompañamiento.
• LA ANSIEDAD EN LA INFANCIA
La presencia de ansiedad en la infancia puede ser plenamente normal y más en un entorno estresante. Ahora bien, hay niños que, debido a su inmadurez o a su temperamento, presentan una mayor vulnerabilidad emocional.
Los principales signos de una afectación emocional son la alta intensidad y preocupación continuada, y una anticipación de la situación como peligrosa antes de que ocurra. Es decir, el niño o la niña mantiene una preocupación excesiva y anticipatoria por algún aspecto determinado que le genera ansiedad, generalizándose a otras situaciones.
Algunas manifestaciones típicas de la ansiedad infantil son:
• Palpitaciones o aumento de la frecuencia cardíaca
• Sensación de ahogo o respiración agitada
• Tensión muscular
• Sensación de náuseas
• Malestar estomacal
• Cefalea tensional (dolor de cabeza)
• Temblores
• Pensamientos de peligro
• Pensamientos de incompetencia
• Dificultades para conciliar el sueño
• Despertares nocturnos
• Evitación de la situación o estímulo
Miedos desproporcionados y persistentes
El miedo es un mecanismo natural que alerta al niño o la niña de un peligro con riesgos innecesarios.
No obstante, cuando los miedos son desproporcionados, persistentes y de alta intensidad, interfiriendo en la vida diaria del niño o la niña, estamos ante un trastorno emocional que podemos llamar fobia.
Desproporcionados: cuando el objeto que causa el miedo no es amenazante y el niño presenta una reacción exagerada.
Persistentes: porque el miedo puede aparecer tanto de día como de noche y puede ir acompañado de síntomas físicos. Una vez desaparece el objeto o la situación que le provoca miedo, este siempre persiste.
Sobrepreocupación excesiva y anticipatoria
Todo niño o niña sufre algún tipo de preocupación en algún momento de su vida; es un sentimiento adaptativo, dado que lo prepara para la acción.
Pero se debe distinguir este tipo de preocupación de las conductas que manifiestan una elevada ansiedad, interfiriendo significativamente en el desarrollo y el bienestar normal de la vida del niño o la niña.
Ansiedad al alejarse de los padres
Los principales signos de alerta son la alta intensidad y preocupación continuada, y una anticipación de la situación como peligrosa antes de que ocurra.
• Puede sufrir un malestar excesivo solo con pensar en separarse de los padres.
• Gran preocupación por perder a sus figuras parentales y pensar que puedan sufrir algún daño.
• Gran preocupación por la posibilidad de que ocurra un acontecimiento que los separe.
• Resistencia a ir a la escuela.
• Resistencia a irse a dormir sin las figuras parentales.
Quejas somáticas
Los niños y niñas experimentan malestares físicos a lo largo de su desarrollo evolutivo, ya sea dolor de cabeza, de barriga o cansancio excesivo.
La señal de alarma aparece cuando estos síntomas se dan de forma repetida, continuada e inadecuada para la fase evolutiva del niño o la niña.
Normalmente, las quejas somáticas desadaptativas aparecen como expresión del malestar psicológico. Es decir, estos trastornos físicos afectan al cuerpo, pero pueden tener una causa psicológica.

• SITUACIONES HABITUALES EN LA ANSIEDAD
Las principales señales de alerta de dificultades emocionales son las siguientes:
• Preocuparse demasiado por las cosas o sufrir por miedo a una situación futura, manteniendo una preocupación excesiva, anticipatoria y, en algunos casos, generalizándose a otras situaciones.
• Dificultad para separarse de los padres.
• Miedo a que les ocurra algo a los padres.
• Rechazo a ir a la escuela.
• Dificultades para ir a dormir solo.
• Presencia recurrente de pesadillas.
• Miedo a las heridas o al daño físico.
• Miedo a la oscuridad.
• Miedo a seres imaginarios, como fantasmas o monstruos.
• Miedo a los ruidos intensos.
• Miedo a la presencia de extraños.
• Miedo a los animales.

• CUÁNDO ME DEBO PREOCUPAR
El miedo es un mecanismo natural que alerta al niño o la niña de un peligro con riesgos innecesarios. No obstante, cuando los miedos son desproporcionados, persistentes y de alta intensidad, interfiriendo en la vida cotidiana del niño o la niña, es cuando deberíamos acudir a un profesional que ayude a nuestro hijo a aprender estrategias y técnicas para poder enfrentarse a estas situaciones.

• ACOMPAÑAR LA ANSIEDAD DESDE EL ENTORNO
CComo padres, lo que podemos hacer es actuar como modelos para nuestro hijo, intentando mostrar formas adecuadas de enfrentarse a la ansiedad, acompañándolo y validándolo emocionalmente. Podemos acompañarlo a exponerse de forma gradual, permitiendo que tome su tiempo y sin forzarlo.
• LA ANSIEDAD EN ADOLESCENTES Y JÓVENES
La adolescencia es una etapa de muchos cambios físicos y psicológicos, lo que puede desencadenar fácilmente situaciones de estrés. Si son momentos de corta duración, debemos dejar un tiempo de adaptación, y normalmente no hay consecuencias a largo plazo.
Ahora bien, ante situaciones de estrés que se prolongan en el tiempo, un estado de alerta crónico puede provocar en los adolescentes la aparición de afectaciones emocionales y problemas de ansiedad.
Algunas manifestaciones típicas de la ansiedad son:
• Palpitaciones o aumento de la frecuencia cardíaca
• Sensación de ahogo o respiración agitada
• Tensión muscular
• Aumento de la temperatura corporal
• Sensación de náuseas
• Malestar estomacal
• Cefalea tensional (dolor de cabeza)
• Temblores o sensación de hormigueo
• Sobrepreocupación excesiva
• Evitación del estímulo o situación temida

• SITUACIONES HABITUALES EN LA ANSIEDAD
Las situaciones más comunes que generan preocupación en la adolescencia están relacionadas con el ámbito académico, social, inquietudes sobre el futuro y dinámicas relacionales familiares.
Algunas situaciones habituales que generan ansiedad en la adolescencia pueden ser:
• Miedo al fracaso académico y a la competencia escolar:
El perfeccionismo es una característica de personalidad cuyo objetivo es buscar buenos resultados, y que se acompaña de autoexigencia y establecimiento de metas elevadas. En un grado adaptativo, puede conducir a importantes esfuerzos y, en consecuencia, a buenos resultados.
Puede convertirse en un problema cuando el adolescente no es capaz de valorar sus logros, cuando genera autocrítica negativa considerando siempre insuficientes sus resultados, cuando establece metas desmesuradas y se siente fracasado por no alcanzarlas, sin ser capaz de valorar su esfuerzo, sintiendo inseguridad, sobrepreocupación y angustia.
• Preocupación por las relaciones:
Las relaciones sociales pueden ser fuente de satisfacción, pero también, en la adolescencia, generan una elevada preocupación, ya que los adolescentes tienen el deseo de pertenecer a un grupo y agradar.
A veces, condicionantes como una vinculación familiar excesiva, temperamentos ansiosos, temperamentos desconfiados y suspicaces, personalidades carentes de empatía y sensibilidad o la presencia de angustias excesivas generalizadas o focalizadas en el ámbito social, producen resistencia a las relaciones sociales, adoptando el adolescente un papel pasivo y evitativo frente a sus iguales.
• Cuestiones de salud (daño físico, muerte)

• CUÁNDO ME DEBO PREOCUPAR
La preocupación es un sentimiento adaptativo que conduce a un esfuerzo por alcanzar buenas metas y madurar.
Debe diferenciarse la preocupación normal de la sobrepreocupación.
Se considerará signo de alerta cuando existen preocupaciones generalizadas, con una tendencia a interpretar la realidad de forma ansiosa, es decir, cuando las preocupaciones se producen de forma excesiva y constante, provocan angustia significativa e interfieren en la dinámica cotidiana del adolescente, produciendo en la mayoría de los casos conductas reactivas, somatizaciones, conductas de bloqueo y conductas de evitación o negación.
En estos casos, deberíamos pedir ayuda a un profesional.

• ACOMPAÑAR LA ANSIEDAD DESDE EL ENTORNO
Fomentar una buena comunicación dentro del ámbito familiar es muy importante para ayudar a nuestros hijos a superar su ansiedad. Debemos intentar comprender qué es importante para ellos y valorarlo con el fin de generar una sensación de seguridad y bienestar.
Además, hablar sobre aquellas situaciones que generan temor o ansiedad, con una actitud comprensiva y atenta, nos ayudará a validar sus emociones y hacer que se sientan comprendidos.
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