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TRISTEZA

Conoce los síntomas en la tristeza en las distintas etapas; infancia, adolescentes y jóvenes

Cómo detectar los primeros signos en la tristeza.

TRISTEZA EN LA INFÀNCIA

Los niños tienen cambios en su estado de ánimo, como los adultos, y la tristeza es un sentimiento natural y adaptativo. Ahora bien, será una señal de alarma si es desproporcionada en la causa, muy profunda o prolongada en el tiempo, o si va acompañada de otros síntomas.

Es necesario dar importancia a la irritabilidad, a la apatía ya una baja autoestima persistente y que suele aparecer bruscamente sin una causa suficientemente aparente.

El niño/a que presenta un humor inestable, fácilmente se enoja y se excita excesivamente. Es la forma que encuentra para expresar que algo le está pasando y puede esconder detrás algún conflicto, problema o preocupación.

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SITUACIONES HABITUALES

EN MENORES DE 7 AÑOS:
El síntoma de presentación más frecuente es la ansiedad. Manifiestan irritabilidad, rabietas frecuentes, llantos, quejas somáticas (dolor de cabeza, dolor de estómago), pérdida de interés por los juegos habituales, cansancio excesivo o hiperactividad. También pueden presentar un fracaso al alcanzar el peso por su edad cronológica, retraso psicomotor o dificultad en el desarrollo emocional.

En niños pequeños, la tristeza se asocia con frecuencia con los trastornos de ansiedad, las fobias escolares y la dificultad para controlar los esfínteres.

SINTOMAS EDAD PUBERAL:
Irritabilidad, agresividad, no tener ganas de hacer nada, tristeza y sensación frecuente de aburrimiento, culpabilidad.

También puede ir acompañado de baja autoestima, falta de concentración, disminución del rendimiento escolar, fobia escolar, trastornos de conducta en la escuela y en relación con los iguales.

Dolor de cabeza, dolor de estómago, trastornos del control de esfínteres, insomnio o exceso de sueño, no alcanzar el peso por su edad cronológica o disminución o aumento del apetito.

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CUANDO ME DEBE PREOCUPAR

Si un niño presenta estos síntomas, no necesariamente debe estar deprimido. Pero, si este estado de tristeza interfiere en la actividad social, en la vida familiar y escolar de manera significativa, y además va acompañado de otros síntomas, será importante poder realizar una evaluación psicológica esmerada y establecer el tratamiento adecuado si es necesario.

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ACOMPAÑAR LA SITUACIÓN DESDE EL ENTORNO

Decirle lo que hace bien. Un niño o niña que tiene una depresión suele tener una imagen negativa de sí mismo, por tanto, una labor importante que pueden hacer los padres es la de conocer sus virtudes y defectos para ayudarle a tener una visión positiva de sí mismo y decirle lo que hace bien para que se sienta apoyado y reconocido.

Utilizar un lenguaje positivo. En numerosas ocasiones a los niños y niñas que sufren una depresión les resulta complicado distinguir entre los aspectos de su vida que pueden controlar y los que no, por lo que se sienten continuamente culpables por las cosas que suceden. El trabajo de los padres puede ser hacerles ver aquellos acontecimientos que pueden controlar porque dependen de ellos y otros que no pueden controlar.

Contar los cambios en la familia. En el ámbito familiar puede haber cambios, como el divorcio de los padres, que afecten a los niños y niñas. Para evitar que esto pueda producir que los niños se sientan culpables de la situación, es fundamental que los padres expliquen con un lenguaje adecuado la situación y que establezcan pautas para que exista una rutina que dé estabilidad a los niños y niñas.

Establecer un tiempo especial con tu hijo/a. Realizar actividades en familia para que sienta que comparte momentos positivos y alegres con sus padres.

TRISTEZA EN ADOLESCENTES i JÓVENES

Los adolescentes tienen cambios en su estado de ánimo, como los adultos, y la tristeza es un sentimiento natural y adaptativo. Sin embargo, el humor de los adolescentes puede ser más lábil, y no facilita la detección de los signos de alarma. Lo que un día parece no tener solución, puede olvidarse a la semana siguiente. Es frecuente que aparezcan estados pasajeros de mal humor o irritabilidad puesto que los adolescentes, muchas ocasiones no controlan fácilmente sus estados emocionales. Simplemente, en algunas ocasiones se ven inmersos en variaciones del humor y se muestran más reactivos y con menor control.

Ahora bien, será una señal de alarma si es desproporcionada en la causa, muy profunda o prolongada en el tiempo, o si va acompañada de otros síntomas.

Es necesario dar importancia a la irritabilidad, a la aapatía ya una baja autoestima persistente y que suele aparecer bruscamente sin una causa suficientemente aparente.

La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos, de nuestras capacidades y limitaciones. Una mantenida baja autoestima acompañada de pérdida de la ilusión y de irritabilidad o tristeza puede hacernos pensar en un estado depresivo.

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SITUACIONES HABITUALES 

Descenso del rendimiento académico: El descenso del rendimiento académico lo podemos identificar como signo de alarma cuando un adolescente, que previamente tenía un adecuado rendimiento, experimenta un bajón de notas, es incapaz de completar los trabajos, puede emplear mucho tiempo haciendo las tareas y manifiesta una falta de concentración, de motivación y desinterés escolar.

Mal humor e irritabilidad: Un mal humor e irritabilidad preocupantes son agudos. Pueden estar muy serios, enojados con el mundo, gritar, agredir, romper materiales, intimidar, faltar el respeto o cometer actos que rompen con las normas sociales.

Tristeza, pesimismo y apatía: Los adolescentes con pesimismo excesivo describen sentimientos de desesperanza respecto al futuro y sienten que no vale la pena esforzarse por nada. Están convencidos de que «no son buenos», que el mundo es un lugar difícil, que son incapaces de hacer cambios al respecto y sienten desesperanza y fragilidad.

En relación con la apatía y falta de emoción/motivación o entusiasmo prolongados en el tiempo, que se produce incluso en los ámbitos de interés del adolescente, debe establecerse una diferencia con la “pereza” propia de la edad y vinculada a situaciones como los estudios y las responsabilidades.

Desprecio personal: Infravaloración excesiva, incluso puede llegar a odiarse, reproches y autocríticas desmesuradas, autoimagen deteriorada, verbalizaciones negativas: «no sirvo para nada», «no llegaré a ser nada», sentimientos de inutilidad o de culpa inapropiados o excesivos, sentimientos de no ser aceptado.

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CUANDO ME DEBE PREOCUPAR

Estas conductas constituyen un signo de alarma si el estado de mal humor e irritabilidad aparece en un adolescente que anteriormente no presentaba estas características, presentando perdurabilidad en el tiempo y alterando su vida social, familiar o escolar.

También si manifiesta el abandono de actividades usuales y recreativas, así como en un cambio restrictivo de las relaciones interpersonales.

Si empieza a presentar ideas de muerte o pensar en el suicidio, hablar sobre sentimientos de poca esperanza y miedo por el futuro, expresar deseos de irse incluso bromeando, presentar elevada tristeza, pérdida del deseo de participar en sus aficiones y actividades preferidas, experimentar cambios en el apetito y el sueño, sentirse muy fatigado y desmotivado.

Si se observan estas conductas, es necesario pedir ayuda a un profesional de la salud mental.

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ACOMPAÑAR LA SITUACIÓN DESDE EL ENTORNO

Escuchar a tu hijo, ayudarle a entender qué le pasa y validar sus emociones.
 No preguntarle constantemente cómo está. Puede generar una situación de desecho y que se cierre en banda.
 Reforzar todo lo que hace bien y ha conseguido hasta ahora.
 Recordarle nuestro amor incondicional, diciéndole que le amamos y que estaremos allí por lo que necesite.
Forzarlo de forma progresiva a realizar las actividades que antes le gustaban, si hace falta acompañándole y diciéndole que le irá bien hacerlo.
 Evitar el castigo excesivo.
 Planificar actividades de tiempo especial en familia.
 Interesarte por lo que le gusta y dedicarle un tiempo de calidad.

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